I
Sueño corrompido por rosas
marchitas asquerosas. Llora tu noche tu cuerpo tu miembro
todo llora viento, llora desierto
sueño pesadilla corre descalzo
sobre
vidrios
rotos.
II
Esa noche Elena no durmió. Una brisa helada se deslizó entre sus piernas suaves y puras de niña-flor. Le arrancó un último aliento matinal y cubrió con esmero y parsimonia sus ojitos de cordero a-terror izado. Elena no gritó esa noche. Ni la siguiente. Ni la otra.
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